Mi hijo no tiene hambre

Alrededor de los 15 meses, el niño comienza a comer menos. ¿Por qué? Cómo afrontar esta situación? Nuestro pediatra lo explica todo en este interesante artículo.

Una de las preguntas que más a menudo nos hacemos los pediatras es la falta de apetito en los niños.
A qué se debe esta pérdida de apetito?
Alrededor de los 15 meses, la mayoría de los niños empiezan a comer menos. Hasta entonces, necesitaban comida para crecer, aumentar el peso y desarrollarse completamente.
A partir de los 15 meses, los niños sólo necesitan comer para crecer, ganar peso y almacenar la energía necesaria para sus actividades diarias. Pero la cantidad de alimentos que necesitan comida es significativamente inferior a la que necesitaban hasta entonces. De hecho, los niños ya no crecen y ganan peso al mismo ritmo que cuando eran bebés. Ahora las cosas son más tranquilas y así lo demuestra.

Es fundamental que las familias sean conscientes de estos extremos, para evitar molestias y, peor, los malos hábitos alimenticios. Los niños con pérdida de apetito se pueden dividir en dos grupos: los que no comen porque no tienen hambre y los que no lo hacen porque "no quieren".
Falta de apetito en los niños: si están un poco enfermos …
Un simple resfriado, con congestión nasal causada por una infección vírica, es suficiente para hacernos menos deseosos de comer. Si este es su caso, póngase en el lugar de un bebé o de un niño pequeño, que ya tiene problemas para conciliar la respiración nasal y oral. A menudo tiene que elegir entre comer y respirar, y es obvio que decide respirar porque, comiendo sólo la cantidad adecuada, puede "pasarse", pero no puede sobrevivir sin respirar.
Hay otras enfermedades que pueden causar pérdida del apetito. Por lo tanto, es importante que su médico sepa sobre este problema. Tal vez su hijo deberá realizar un examen de sangre para descartar la anemia por falta de hierro, que es una de las causas patológicas de la pérdida del apetito en la edad preescolar.
Este tipo de pérdida de apetito no es muy preocupante: una vez diagnosticado, el médico dará un tratamiento oportuno a su hijo, que comenzará a comer de nuevo como es habitual.

El mayor problema es cuando, después de una enfermedad, el niño pasa a la categoría de los niños que no comen porque "no quieren". Si, cuando está enfermo, la madre obliga a su hijo a comer, la amenaza, le cambia la alimentación por nuevos que desconoce, monta escándalos reales para que termine su plato o no se lo quite sin mesa hasta que se haya tragado algo, el niño se dará cuenta que, utilizando la comida como arma, puede hacer lo que quiera con su familia. Olvidar un niño hambriento a comer es cruel; Olvidar a un niño que no quiere comer es una tontería.

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